Ciento setenta mil, seiscientos ochenta y nueve días después de que Cristóbal Colón desembarcara en América, y tres mil cuatrocientos cuarenta y ocho antes de que un hombre pisara la luna, una lluviosa mañana de jueves, nací en Barcelona.

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  • He aquí mi huella plantar de recién nacido.

De pequeño era muy tímido, pero con el tiempo se me fue pasando y ahora ya no lo soy casi nada.

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  • Esta es una foto de cuando aún era tímido.

Me gustaba mucho el deporte. Practiqué el Judo, el Balonmano y era bueno en las dos disciplinas.

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  • Estos documentos escaneados lo acreditan.

En la escuela pasé muy buenos momentos, pero como mi comportamiento no era todo lo bueno que se esperaba, muy a pesar mío, me expulsaron. Todo lo que se, lo he aprendido en la calle, leyendo y también viendo la tele.

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  • En mi casa tenía una televisión parecida a esta.
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  • Aquí podéis ver uno de los libros que me he leído, pero he leído bastantes más.

También me gustaba y me sigue gustando la música; por eso estudié violoncelo. Llegué a dominar medianamente bien la técnica de este gran instrumento y, según decían los que entendían, me manejaba con gran acierto y sentimiento.

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  • Este es un violoncelo similar al que yo tenía, aunque el mío estaba barnizado de un color más oscuro.

Dándome cuenta de que me gustaba la literatura y también la música, pensé que podría aunar las dos aficiones escribiendo una canción, y la escribí. La canción la titulé “Tocinillos del cielo”. Era una oda a esta golosina que tanto gusta a mucha gente, y sobretodo a mi.

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  • Aquí tenéis una foto de unos tocinillos del cielo. Están hechos a base de huevo y azucar. Son riquísimos, hay que probarlos.

La canción tuvo bastante éxito y decidí escribir más. Fue entonces cuando pensé que debería buscarme un nombre artístico, y resolví llamare Tito Garraf en honor a esta bella comarca, sita en la costa central catalana.

 

Desde que me cambié el nombre, padezco lo que técnicamente se denomina, trastorno de identidad disociativo, que traducido, significa que vivo instalado en un permanente delirio, que me impide saber si realmente soy yo, el personaje que decidí que sería, o puede que los dos a la vez. Pero da igual, porque si yo no lo sé, no veo razón alguna para que a nadie le pueda interesar saberlo.

 

Tito Garraf es un soñador, un optimista que quiere aportar su granito de arena para a construir una sociedad más justa y amigable, donde todos nos sintamos cómodos viviendo. Disfrutemos la vida, no compliquemos las cosas.